Blog

¿Está tu empresa preparada para el cambio que supone la Transformación Digital?

Muchas compañías cometen el error de pensar que Transformación Digital tiene que ver con tecnología y que para adaptarse al concepto es suficiente una capa de “chapa y pintura” empresarial. Mientras, la Revolución Industrial 4.0 promete ser el azote de las empresas que no se sometan de forma ágil a un profundo cambio cultural.

El pasado jueves el auditorio Pedro de Icaza de la Universidad de Deusto acogía la conferencia Revolución Digital y Agilidad empresarial en el S. XXI, organizada por el Departamento de Empleo, Inclusión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia y su Agencia Foral de Empleo y Emprendimiento DEMA en colaboración con Deusto Business Alumni. La diputada foral Teresa Laespada y el director general de DBA José San Blas abrieron el evento dando paso a los expertos en Agilidad Ángel Medinilla y Almudena Rodríguez Pardo (Improvement21). Estos definieron las pautas para conducir un liderazgo ágil hacia la transformación digital de la empresa. Dejaron claro que el cambio ha llegado no solo para quedarse sino para continuar cambiando a velocidad vertiginosa: nos encontramos ante lo que ya se denomina Revolución Industrial 4.0. Consecuentemente las compañías tienen que transformarse, pero no es posible hacerlo de un día para otro.


Estos son los primeros pasos en un viaje de 2000 millas en el que debe involucrarse de forma proactiva cada miembro de la plantilla empresarial. Un viaje en el que lo más importante -y complicado- será cambiar la mentalidad de todas las personas implicadas.


Antes

Ha llovido mucho desde la época del Taylorismo y, sin embargo, Ángel Medinilla deduce que “muchas empresas la echan de menos”. Asegura que esa mirada melancólica hacia un período en el que cada tarea específica para desempeñar un trabajo se cronometraba y la productividad se medía en función de los tiempos de ejecución, es incompatible con el momento que nos toca vivir, y con la nueva generación de trabajadores “nómadas” de la que él mismo se siente parte. Porque antes, explica, “la fuerza de trabajo era esencialmente intercambiable; conceptos como resiliencia, asertividad, innovación o gestión del talento no se tenían en cuenta y, por tanto, la administración de los recursos humanos resultaba sencilla”.


Los tiempos todavía se siguen midiendo; productividad y eficiencia continúan siendo la máxima de muchas compañías que mantienen que las horas de trabajo son equivalentes al éxito empresarial. Yerran.

El ejemplo

Facebook adquirió WhatsApp en 2014 por 19.000 millones de dólares. En aquel momento, la empresa de la aplicación de mensajería instantánea liderada por Brian Acton y Jan Koum no tenía oficina propia y contaba con 55 empleados, mayoritariamente ingenieros. WhatsApp ya movía al día 10.000 millones de mensajes enviados y otros 17.000 millones recibidos.

Está comprobado que para entornos y trabajadores del conocimiento ofrecer bonos e incentivos puede incluso resultar contraproducente: “No hablemos de bonos e incentivos, hablemos de trabajo, cliente, producto, valor… -reclama Medinilla- La productividad no es la panacea; hay que adaptarse al mercado”.

Algo ha cambiado

A día de hoy son muchas las empresas que continúan rigiéndose por las reglas de la industria de finales del S. XIX y principios del XX. Son las reglas de un modelo que ya no funciona: tamaño, productividad, calidad… no garantizan la supervivencia de un negocio.

En el año 2011 el consultor de negocios e investigador James C. Collins publica Las empresas que sobresalen, obra referente para la gestión empresarial del S. XXI de la que ha vendido más de 2,5 millones de copias en tapa dura desde su publicación y ha sido traducida a 32 idiomas. Tras un amplio estudio a 28 empresas, Collins y su equipo detectaron que una serie de ellas superaban a la media en rentabilidad de sus acciones; pasaban de tener buenos resultados a tener resultados extraordinarios. Estas empresas presentaban una serie de rasgos comunes, las claves -según Collins- determinantes de la excelencia en lo que se refiere a estrategia y práctica de la gestión empresarial.

Ángel Medinilla lo tiene claro: “Las empresas digitales deben seguir los parámetros de Jim Collins”, remarcando tres de ellos como fundamentales para llegar a ser “una empresa que sobresale”:

  • La cultura empresarial y el liderazgo. Podrán llegar a ser excelentes las empresas con culturas potentísimas y liderazgos (antropológicamente hablando) muy marcados: personas que inspiran. A tener en cuenta que el cambio meramente estético, sin llegar a la raíz empresarial, no será sino un autoengaño.
  • La adaptabilidad. Que se adaptan, aprenden, experimentan, “cambiaformas” … Lo cierto es que el cambio es duro y de ahí la reticencia de tantas compañías a prestarse al mismo. Sin embargo, las empresas que sobresalen son las que han incorporado el cambio como parte de su ADN.
  • El equipo. Uno de los denominadores comunes que detecta Collins en las empresas que sobresalen son los equipos que colaboran y se autoorganizan. Estos equipos no pueden darse sin que la empresa asuma y comprenda la necesidad de los mismos. “Hay empresas -advierte Medinilla- que prefieren estar equivocadas a tener incertidumbre”. Defiende la autoorganización colectiva frente a la microorganización de los trabajadores.

Transformación digital y Agilidad empresarial

Oímos hablar de ella constantemente, pero ¿sabemos qué implica el concepto? Transformación Digital no tiene tanto que ver con herramientas, redes sociales… “¡Si ahora estamos todos en el negocio del software, independientemente del servicio o producto que proporcionamos!” apunta Almudena Rodríguez. La experta hace referencia a un documento de Jeff Gothelf (Harvard Business Review) en el que se evidencia la importancia de una organización ágil. La digitalización y la agilidad de los mercados nos obligan a “reexaminar cómo estructuramos y gestionamos nuestras organizaciones. Conforme la naturaleza de la entrega de software se hace más continua, somos capaces de crear un nuevo tipo de conversación con el mercado, una más continua”. De eso va la Transformación Digital: la agilidad de las conversaciones requiere rapidez a la hora de tomar decisiones, no hay tiempo de que todas las decisiones pasen por Dirección porque esto limita mucho la capacidad de reacción empresarial. Esta afirmación, de nuevo, sustenta la importancia de los equipos autoorganizados. “Para dar soporte a esta optimización rápida e iterativa de nuestro producto, la organización que financia, gestiona, provee y lidera a nuestras personas debe mostrar el mismo nivel de Agilidad”. Asumamos implícito el conflicto directo entre gestión empresarial y capacidad de ejecución de los equipos. El cambio, es lo que tiene; La recompensa se llama supervivencia del negocio.

El reto

Y entonces la pregunta es: ¿Qué hacer para llevar a la empresa hacia la Transformación Digital? Rodríguez Pardo apunta hacia las empresas con divisiones: “No intentes mover un portaaviones sino divisas de barcos en la misma dirección”. Aporta seis pautas fundamentales para lograr el reto de la Transformación Digital:

  1. Abraza la complejidad y el cambio.
  2. Enamora al cliente (el cliente en el centro de la estrategia; maximización del valor frente al beneficio). Clientes felices requieren empleados felices.

“No pienses en cómo hacer el mejor taladro del mercado, sino en cómo cuelga el cliente el cuadro en la pared”. Almudena Rodríguez Pardo

3. Cultiva la cultura de la empresa: atrae talento, proporciona un propósito, desarrolla a los individuos, promueve la autoorganización.

4. Desarrolla modelos colaborativos: invierte en equipos de alto rendimiento, crea equipos “cross-funcionales”, que trabajen juntos bajo un buen sistema de toma de decisiones y liderados por la mejor o el mejor coach.

5. Reduce el ciclo de feedback: huye de los proyectos con ciclos largos en busca de la agilidad empresarial. Todas las organizaciones, independientemente del tamaño, deben tener procesos ágiles.

6. Innova, experimenta, aprende… Asume una dependencia del contexto, libera espacio en el sistema, involúcrate en una mejora continua. Se estima que, para ello, las empresas deberían ceder el 20% de la jornada laboral de cada empleado a la innovación.


En definitiva, muchas empresas cometen el error de pensar que Transformación Digital tiene que ver con tecnología mientras que el concepto afecta directamente a aspectos de la cultura empresarial, a su transformación cultural, y a un cambio profundo en su forma de relacionarse con el mercado y con la plantilla.


El sistema de gestión empresarial con el que se trabajaba hasta ahora se ha quedado obsoleto. “¡Despertad al gigante! -solicita Almudena Rodríguez a cada responsable empresarial- Vuestra labor no es transformar a la empresa sino despertar al gigante que representa la fuerza colectiva de todos y cada uno de los trabajadores de vuestras empresas. El futuro es tan incierto que los negocios solo podrán sobrevivir rebañando la inteligencia colectiva de los equipos”.


Accede a la presentación de la conferencia Revolución digital y Agilidad empresarial en el S. XXI. 

Más fotos de la conferencia Revolución digital y Agilidad empresarial en el S. XXI: